La ciencia es otra forma de creer

Cuando un estudiante de ciencias explica fenómenos del universo, lo hace creyendo en la verdad que plantean sus libros de ciencia.  El estudiante ejecuta los procedimientos, comprueba los resultados y con ello aumenta la credibilidad en sus fuentes pero en el fondo, él por si mismo, no se ha detenido a comprobar el orden y origen de los planteamientos para determinar si lo expuesto es cierto o falso.  De igual manera procede el místico, repite y divulga lo que sus fuentes le han mostrado y los resultados lo invitan a creer en ellos cada vez más, también sin detenerse a replantear por sí mismo los principios sobre los cuales teje su creencia.  Tarde o temprano, el investigador disciplinado agota las fuentes y es succionado por el origen, hasta el punto de necesitar revisar los principios para continuar investigando.

Para ciencia o misticismo, el lenguaje es mediador indispensable.  Números, letras y demás signos, convierten al científico y al asceta en lectores de los diferentes lenguajes de la naturaleza.  Para esta cuestión, la lengua en la que se escribe este texto nos permite una lección que armoniza al pragmático con el creyente.

Un ingeniero puede decirnos “uno es lo que crea” y el religioso en efecto corroborar que “uno es lo que cree”.  Creer y crear entendidos como un mismo verbo invitan a descubrir que para cada quien, el mundo es lo que cree de él y en él pero también es lo que crea de él y en él.  Si creemos en un mundo de bien y de mal y actuamos de acuerdo a ello, nuestras creaciones, nuestras acciones, serán acciones de bien o de mal y al actuar en una estamos creando la otra.  Si creemos en un mundo pasajero de enseñanzas y aprendizajes, nuestras acciones serán de enseñanzas y aprendizajes y estaremos creando un mundo de conciencia donde es posible entender las debilidades de los otros y la necesidad que tienen de aprender, de aprender a vivir en armonía con la naturaleza, a amar a su pareja, a educar sus hijos, a vivir sin hacer daño.

Así mismo creer en un mundo donde la ciencia y el misticismo se compiten los territorios económicos, crea un panorama de constante enfrentamiento donde se excluye a las personas y se refuerzan la discriminación, la diferencia y las jerarquías.  Creer que tanto el místico como el científico, están ambos a acudiendo a herramientas de la mente para llegar a una mejor comprensión del universo, crea un panorama dónde la ciencia y la magia, permitan una percepción bifocal de la realidad, una visión estereoscópica que le de más dimensiones a nuestra existencia.

Con todo lo anterior, se invita a creer que ciencias y religiones, buscadoras de bombas atómicas o apocalípsises, han sido duras lecciones del destino que buscaban mostrarnos hasta dónde llega el poder del átomo y la palabra, lecciones para entender que la creación de barreras al rededor de una única cosa es algo que destruye pero la integración enriquece, diversifica y fructifica.

Soñar en el ahora.

Por Iván de la Montaña

Desde pequeños, la pregunta de ¿Qué quieres ser cuando seas grande?, nos siembra la idea de que la vida es algo que se encuentra más adelante.  ¿Qué vas a hacer cuando te gradúes? ¿Qué vas a hacer cuando consigas el aumento? ¿ Que vas a hacer cuando te jubiles?  ¿Que vas a hacer cuando……….   y así, la vida, inalcanzable, se convierte en una constante frustración, la persecución de algo que huye incesante hacia adelante y hacia logros cada vez más difíciles y costosos.  Y es hermoso tener grandes sueños, es importante tener la brújula de un buen futuro marcando los caminos, pero que esos sueños no se conviertan en frustraciones es solo cuestión de soñar en el ahora.    Si se crea la expectativa de vivir en un hogar hermoso, se sabe que para llegar éste es necesario cultivarnos como personas, trabajar disciplinadamente y promover nuestra salud.  Al descomponer los grandes sueños en pequeños actos, podemos llegar entonces a esos sueños de un día que al ser realizados, nos acercan cada vez más a esa gran meta.  Soñar con que mañana voy trabajar muy alegremente, soñar con que voy a ganar un poco de salud al realizar una rutina de ejercicios, soñar con un momento inolvidable y preparar una cena para nuestra pareja, soñar con un instante de paz al observar un paisaje, son pequeños sueños, sueños de un día, sueños del ahora, que van construyendo vidas cada vez mejores.  De este modo, al terminar los días y evaluar nuestro paso por ellos, no se sufre por las metas lejanas sino que se goza por los constantes éxitos.  Escribir un capítulo de la novela que siempre he querido escribir, visitar aquella persona que he querido visitar desde hace tanto, salir al parque con mis hijos, reparar algo que está dañado y molesta bastante, apagar los teléfonos para meditar u orar un momento, no fumar hoy, no gritar hoy, ser amable hoy, son pequeños logros que postergados acumulan decepciones, pero soñados un día antes y realizados con el ánimo de nuestros más grandes sueños, hacen de nuestra vida un éxito permanente.

¿Cómo detener la ola invernal?

Por Iván de la Montaña.

La naturaleza funciona perfectamente, aquello que llamamos desórdenes climáticos o desastres naturales no son más que nuestros propios desórdenes psicológicos y desastres sociales.  En Colombia y el mundo, los inviernos son cada vez más fuertes y duraderos por un hecho de la física que pocos parecen percibir y quienes lo conocen no parecen interesados en difundirlo.

La cantidad de agua en nuestro planeta, es y siempre ha sido la misma, el agua no se puede acabar porque simplemente no tiene a dónde ir, por eso mucho más grave que consumirla, es contaminarla.  El ciclo del agua garantiza la disponibilidad de agua para todos los seres vivos pero al romper ese ciclo del agua todos los equilibrios se desbalancean.  Las campañas ambientales desvían la atención sobre el problema del agua hacia los consumidores quienes debemos asumir con nuestra conciencia, la inconciencia del sector industrial y agrario que consume inapropiadamente más del 80% del agua disponible y además de consumirla, la contamina con niveles de toxicidad que no pueden asimilarse.

Aquí sin más preámbulos, se presenta una realidad que es evidente para cualquiera pero parece ocultarse en las necesidades económicas de unos pocos:  Los árboles son el eslabón más importante del ciclo del agua.  Los árboles regulan el clima porque retienen líquido en los inviernos y lo liberan en los veranos.  Un árbol de talla mediana, 20 a 30 metros de altura, puede contener hasta 50o litros de agua.  Con lo anterior, es fácil descubrir que la crudeza de los inviernos es directamente proporcional a la falta de árboles.  Una hectárea deforestada, implica la liberación de más de 500.000 litros de agua.  En el Amazonas, sólo en el Amazonas, se tala a un promedio mayor de una hectárea por hora, lo cual implica que nuestro cielo, debe cargar mucho más de  20.000.000 de litros más de agua, cada día y solo teniendo en cuenta el Amazonas.  No es de extrañarse entonces, que los más de 4.000.000.000 millones de litros de agua que se liberan cada mes, regresen a la tierra en forma de torrenciales, inundaciones y derrumbes.  Tampoco es difícil notar  que el consumo de papel y carne es mucho más destructivo que dejar la llave abierta mientras nos bañamos, ni es difícil darse cuenta que las tragedias de los últimos años no son culpa de las predicciones mayas sino de esa sordera selectiva de la sociedad de consumo que hacia afuera se lamenta por todos los desastres pero hacia adentro le es imposible sacrificar algo de confort en pro del bien común.  Este artículo no requiere más explicaciones, las cifras planteadas, para no alterar a los incrédulos están muy por debajo de las estadísticas reales y  cualquiera de los datos puede comprobarse, no solo por observación directa, sino por unas horas de investigación.

Ahorrar agua no va a solucionar nada, solo posterga lo inevitable.  Si sabes de algún lugar donde se pueda sembrar un árbol, es una de las mejores cosas que se pueden hacer por nuestro planeta.  Si es un árbol de frutas o uno de flores, no importa, cada uno aporta sus bondades, lo importante es repoblar la superficie de los únicos seres capaces de controlar el clima, brindar alimento y descontaminar el agua y el aire al mismo tiempo.   El equilibrio climático del planeta, puesto en el simple y sencillo acto de sembrar un árbol o de otro mucho mucho más simple que es no tumbarlos.

Para ampliar esta información se recomienda el artículo

“Sobre el invierno y el calentamiento global”

Para morir

Por Iván de la Montaña

Una persona no es un cuerpo, porque al morir, a pesar de apreciarse el cuerpo, se evidencia la falta de la persona.

Por supuesto que el cuerpo hace parte de la persona, pero el cuerpo es apenas una mano para lo que es una persona.  Una persona es el espacio donde vive, las personas con las intercambia, las costumbres que practica.  Cada cosa que hacemos, deja pequeñas huellas en todo lo que existe, como si fuéramos un lápiz y la vida, la tinta que se desgasta en su recorrido por el universo de papel.  Por eso mismo, cuando una persona muere, cuando su cuerpo se ha consumido por el dibujar de muchos caminos, cuando la tinta se acaba, cuando el lápiz se consume, no hay que buscar a la persona en la materia maltrecha que lo contenía sino en el dibujo de lo que ha escrito, queda en las huellas de sus actos, queda en el rostro de los que vivieron a su lado.  Así, cada momento que se usa para mirar el cuerpo, es tiempo que se pierde para disfrutar de la persona, para sentir aquellas huellas que nos han marcado, para entender con que dirección nos empujaban sus actos.

Las personas nunca se van, se va el cuerpo y se va la memoria, pero queda la historia.

El poder de Uno y la Cultura como fuente de riqueza.

Por Iván de la Montaña

La cultura es como el código genético de las sociedades y nosotros, lo individuos, somos sus genes, unidades funcionales con información específica capaces de elevar los estados de la colectividad o de traer enfermedad a todo un sistema.  La tendencia de los gobiernos a priorizar los asuntos económicos sobre los culturales es como inscribir en la universidad a un recién nacido, es decir, pretender que el ordenamiento y responsabilidad sobre la vida, se de antes de que las sociedades den sus primeros pasos.  Hace falta aprender a caminar, hace falta tener una idea de hacia donde se dirigen los caminos del ser humano como individuo o sociedad para establecer las formas y maneras de dar esos pasos.  Ese aprendizaje básico, esa brújula de los destinos se hereda en la cultura y, la “tradición occidental”, únicamente nos ha heredado la necesidad de dinero y la ostentación de los bienes, pretensiones demasiado pobres teniendo en cuenta el infinito potencial del espíritu humano.

La cultura, como la mayor parte de los términos sobre los cuales se estructuran doctrinas y leyes, es algo indefinido y, por lo mismo, resulta útil para enaltecer muchos discursos o degradar los ideales de otros.  A la hora de ganar seguidores la palabra cultura remueve en los sentimientos de los pueblos y desata el movimiento de muchas acciones pero al momento de repartir los bienes la cultura parece trabajo solo para los más románticos y los menos valorados de la sociedad.  Sin embargo y respetando las buenas intenciones de todos, tal tendencia no resulta siempre de las codicias particulares, sino generalmente de la ignorancia sobre el papel de la cultura en el desarrollo humano.  Revisemos entonces los conceptos fundamentales de “poder”, “cultura”, “riqueza” e “individuo” para expresar el objeto de este artículo que pretende darle valor a las manifestaciones culturales y encontrar en ellas la realización de los individuos, realización en la cual se encuentra simultáneamente su poder y riqueza.

De textos y tratados podemos encontrar de la cultura muchísimas explicaciones pero como es costumbre en este espacio donde lo espontáneo tiene cabida se presenta un acercamiento a “la cultura” que probablemente sacará de tono a los más académicos pero presentará un idea asimilable para quienes tengan la paciencia de observar su entorno.  Se propone entonces que cultura es la manifestación del saber colectivo, el conjunto de acciones comunes a la mayor parte de los individuos de una sociedad, es decir aquellos actos que un visitante cualquiera, puede recordar como característicos de un grupo de personas.  A pesar de la variedad religiosa, la cultura colombiana, por ejemplo, tiene características que un extranjero puede guardar como exclusivas de este país, la amabilidad de la gente, la perspicacia y suspicacia en los negocios, la inteligencia del humor, la creatividad y  habilidad para “rebuscar” el dinero.  De otro lado, parece “cultural” en los colombianos (es decir, característico de la mayoría)”, la dificultad para trabajar en equipo, la resignación ante las imposiciones del estado y los poderosos y, en contraparte a su facilidad para el “rebusque”, la dificultad para concebir y ejecutar proyectos a muy largo plazo.

En la medida en que concentramos nuestra mirada sobre áreas más reducidas, los rasgos culturales se hacen más evidentes, de ahí que costeños, paisas, indígenas, afrodescendientes, altiplanos o sureños, posean rasgos culturales que caracterizan los respectivos grupos pero que, a pesar de colombianos, los diferencian y culturalmente se muestran distintos.  Así pues, arte, lenguaje, alimento, no como objetos sino como acciones comunes, dan  los rasgos culturales a pesar de la diversidad filosófica y religiosa de los individuos.  En algunos momentos de la geografía y el tiempo, religión y cultura caminaron de la mano pero es ahora cultural, característico de la humanidad, no tener una religión definida, cambiar de religión o simplemente no tenerla.  Es común, sin embargo, la búsqueda de riqueza, la devaluación de lo vivo y la idea del confort como medida del éxito.  En ese sentido, se puede hablar entonces de una “cultura global”  posible ahora por Internet y las redes de comunicación, donde monjes, sacerdotes, lamas, ermitaños, profesores y niños, médicos y asesinos, administradores y empleados, empresarios y vagabundos, tienen, la mayoría, un teléfono móvil y un correo electrónico, rasgos culturales de nuestros tiempos.  De otro lado encontramos culturas locales donde la relación directa con el entorno, determina el lenguaje, el arte y las costumbres de los individuos, la cultura como esferas concéntricas donde el punto es el individuo, con su visión, costumbres, creencias y acciones personales y donde la idea de “mayoría” o “común”, permite reconocer un rasgo como cultural o no a pesar de los opositores y detractores que tenga una determinada costumbre.

Ahora bien, de dónde nace  la cultura?  o mejor, de dónde nacen las culturas?  La geografía y biología de las regiones, obliga ciertos patrones que por persistentes tienden a crear rasgos culturales.  No se encuentran en el Amazonas, rasgos culturales relacionados con el páramo o la nieve, así como en las montañas el alimento no gira en torno al pescado ni en las playas se hacen canciones sobre el frío.  Los rasgos culturales se proponen entonces, como las acciones que le permiten a las sociedades relacionarse con su entorno.  Por eso la música y el vestido, las habitaciones y las narraciones, el alimento y el cultivo, las jerarquías y las medicinas, las artesanías y los lenguajes, hacen parte de los rasgos culturales de un asentamiento humano, todos ellos  son acciones o procedimientos que a lo largo de la historia, le permiten a ese grupo continuar existiendo en ese punto específico del espacio.  Es así como aparece la tradición, ese compendio de acciones que no necesitan ser probadas sino que efectivamente le han dado vida al grupo en cuestión.  En la tradición y la cultura que esta trae, es donde viene esa herencia genética, esa información para coexistir con el entorno.  En la música y la narrativa, el vestido y las costumbres, están las claves para comprender dónde se vive y las lecciones para ejecutar la coexistencia.  Y es en ese “coexistir” donde aparece la diferencia radical entre la “cultura global” y la “culturas local”.  Recibimos en lo cultural de la primaria, bachillerato, universidad, la información para “sobrevivir” más no la información para “coexistir”.  Vivir en el globo no implica apegos ni raíces, el dinero está en todas partes y no es necesario conservar.  Se consume al límite y se abandona el lugar cuando todo está contaminado, una sola lengua, práctica y sin poesía, sirve para hablar con cualquiera y una cuenta de correo puede revisarse desde cualquier parte.  El sobrevivir, el tomar sin devolver, es la cultura global que ha puesto a prueba los límites de la resistencia del planeta para soportarnos encima.  En cambio coexistir implica compartir, dar y recibir y esa es una cultura que, ya perdida para la mayoría, implica relacionarse con el entorno, sacrificar el confort a cambio de la armonía, entender, como lo dice Andrés Alzate, “que lo mejor de las cosas buenas no está en disfrutarlas sino en compartirlas”.    Ya se intuye entonces la riqueza que la tradición le brinda a los pueblos y el increíble beneficio que una cultura bien arraiga le facilita a las comunidades pero es necesario revisar el poder del individuo sobre la cultura y el concepto de riqueza antes de iluminar la idea propuesta en el título de este artículo.

El ADN es un conjunto de millones de genes que por su complementariedad y unidad, posee la información y capacidad de acción necesaria para crear un individuo.  Es un conjunto de ordenes, mandatos o “tradiciones” que al ser ejecutadas tienen la capacidad de darle continuidad a estructuras tan complejas como los seres vivos.  El ADN es la cultura del ser viviente, es ese conjunto de acciones que le permiten coexistir con el entorno y que por exitosas, se transmiten, como herencia o tradición a las generaciones siguientes.  Los genes son entonces unidades de información y acción relativa a esa información.  Existe un gen para cada cosa, hay genes que hacen piel, otros hueso, otros neurona, hay genes que destruyen y renueva, hay genes  para respirar, digerir, defecar, guardar y procrear, para consumir o descansar.  Cada característica, estructural o actitudinal de los seres vivos, tiene en lo profundo de su existencia, un gen con la información y potencial de acción necesarios para desencadenar, expresar o realizar.  Por ello se plantea a los individuos como genes de las sociedades.  Cada persona tiene un oficio y la información para realizarlo, una empresa requiere tanto de administradores como de operarios, se necesitan tanto alimentos como artefactos, hay que transportar y almacenar, distribuir y organizar, conservar  y clasificar, descomponer y desechar.  Todas estas acciones son comunes tanto a las sociedades como a los procesos vitales de los individuos y es el conjunto, variedad y complementariedad de todas ellas lo que permite el desarrollo de esa fantasía que es la vida y son ellas las que precisamente hacen la cultura, las acciones, no lo que se cree o se piensa, no lo que se promete ni supone, no lo que se cuenta o se presume, sino lo que se hace y en ese sentido, nuestras acciones, individuales o grupales, son el origen de los fenómenos culturales.  Claro está que cada acción tiene una relación con el entorno, construir no implica los mismos saberes en la playa que en el páramo, cocinar no es igual para los ribereños que para los montañeses, cultivar es un arte diferente para los llaneros y los amazónicos, todo esto para decir que es el conjunto de haceres el que determina la cultura y no los saberes en sí como fenómenos aislados.  Un gen es importante mientras tiene cabida en la cadena genética, así como un buscador de pozos es muy apreciado en el desierto mas no en las montañas.  Así pues, como un código genético, la cultura tiene sentido como conjunto armonioso y no como una simple colección desordenada de grandes ideas.

Vale la pena aclarar que el gen no es una unidad estática; el gen, como entidad motora es también entidad receptora.  Cuando el entorno cambia, el primero en darse cuenta es el gen.  Cuando nos sentimos enfermos, hace mucho rato que el cuerpo y sus células han reaccionado ante los problemas, así mismo, la necesidad de una medicina o una baja en los cultivos, la notan primero el chaman y el campesino, antes que la sociedad y el resto de los individuos.  Dependiendo de la agresividad o drasticidad de los cambios, es el gen quien realiza las primeras acciones al respecto y “muta” para enfrentar los cambios hasta producir una reacción en cadena que afecte todo el resto de la estructura.  Cuando se presenta una variación constante en el ambiente, la reacción de los genes se “populariza”, se convierte en cultura y a lo larga en tradición.

La imagen viene de este blog http://ainathin.blogspot.com/ pero desconocemos al artista

Afortunadamente, dentro del ADN, hay también genes dotados para registrar y percibir los efectos de un determinado cambio,  estos genes de la memoria, difunden y reparten la información necesaria para evitar los malos pasos y perdurar los exitosos.  La reacción de estos genes de la memoria (quienes finalmente también reacciónan ante el cambio del entorno) puede no ser suficiente para evitar tragedias pero el caso es que en la similitud con las comunidades humanas, estos genes de la memoria, del registro y la difusión, son los artistas, unidades encargadas de sentir todo lo que pasa y expresarlo no con explicaciones complicadas sino con mensajes cortos, con lenguajes simbólicos asimilables por cualquiera cuyo propósito es tanto recordar, como advertir y promover formas de hacer las cosas.  Por eso la tradición se narra, por eso el músico y el bardo (o el político quien no es más que otro artista de la palabra), que guardan y registran en la simplicidad y expresividad de su arte, los aprendizajes recibidos por los otros genes.  En este caso, la perversión del artista se encuentra cuando deja de ser el canal del ambiente para imponer sus deseos personales.    En todo caso, lo importante es notar que el poder del gen o el individuo, radica en su acción y reacción;  no depende de que todos los demás genes se pongan de acuerdo para realizar las transformaciones,  al contrario, el cambio espontáneo y particular es el que puede desencadenar el cambio en los demás.  Marchar por la paz suele acabar con la paz de otros que no quieren marchar.  Bloquear una calle para pedir libertad es como tumbar un árbol para protestar por la deforestación, esperar a que un dirigente promueva el cambio de un estado o región, es esperar a que una sola neurona determine todos los procesos de un cuerpo y de alguna forma es una esperanza llena de confort pues nos quita la obligación y responsabilidad de ejecutar el cambio con nuestras propias manos.   Cuando un dirigente logra guiar los destinos de un país, no es porque de sus ideas provengan los cambios sino porque de los cambios provienen sus ideas y a veces un solo personaje, logra percibir, expresar y transmitir, las acciones de toda una sociedad y en ese caso, aquel dirigente, se vuelve un promotor de cultura, un impulsador de acciones y tradiciones que de una u otra forma marcan el destino de su pueblo.  En fin, paz, libertad, salud, riqueza, jamás vendrán de los estados vistos como un pirámide que nace de arriba,  estos estados se construyen desde el individuo y de su acción vendrá la reacción del resto.  Es por ello que promover la cultura, el arte y la tradición es imperativo sobre la economía y la ciencia pues las dos últimas dependen de las primeras.  De manera que la verdadera democracia, el gobierno del pueblo y para el el pueblo, del individuo sobre si mismo dentro de un marco de tradición y acción que lo hacen pertenecer al conjunto no como masa sino como complemento, no se practica con el pequeño acto de poner una equis en un papel sino que se practica con el día a día y con el perfeccionamiento de nuestros actos.  Se critica, por ejemplo, la corrupción de nuestro estado y se hace tradicional seguir las franjas de radio o periódico que despotrican de los corruptos, pero son pocos los que se oponen a recibir empleo por palanca o los que se niegan a negociar directamente con el policía de tránsito para evitar la multa.  Solo en la medida en que las personas, los individuos, los genes, reaccionen y produzcan el cambio dentro de si, se puede esperar una “evolución” de la sociedad.  Si la mayoría de los colombianos, si la característica común, si el acto compartido es pasar por debajo de las cuerdas, la cultura colombiana va permanecer con el rasgo cultural de la corrupción.

Pero ese pasar por debajo de las cuerdas es la reacción de los genes a lo que impone la “cultura global” en cuanto a sobrevivir, una cultura cuya tradición se difunde por los medios de comunicación y secciones de farándula, que proponen tener y tener pero no enseñan ni difunden estrategias para ser rico, excepto las estrategias que, muy abudantemente, muestran las novelas y las miles de noticias que enaltecen y hablan más del delincuente que del sabio o el estudioso.  Al rededor del fuego, los pueblos nativos narraban sus proezas, enseñanzas y relaciones con el entorno y los niños crecían con sentimientos de heroísmo, amor a la familia y amor a la naturaleza.  La “cultura global”, al rededor de la pantalla, ha vuelto tradicional sentarse tres veces al día a ver noticias, masacres, engaños, crímenes pasionales, levantamientos, incursiones, corrupciones y  piratería.  ¿QUÉ OTRA COSA PUEDE APRENDER LA GENTE?. Las noticias se han convertido en el más tradicional de nuestros actos y por lo tanto en la más cultural de nuestras representaciones.    Pero, que las noticias dejen de mostrar desgracias no depende de recoger firmas para el ministerio de comunicaciones, depende de que nosotros, los genes, las unidades de cambio, apaguemos el televisor y levantemos la mirada hacia el firmamento, de que no hagamos ese rito de almorzar frente a la pantalla sino que levantemos la cuchara con nuestras familias o amigos y dialoguemos en familia sobre las experiencias del días y los aprendizajes para el siguiente.

De todo lo anterior se de desprende entonces la necesidad de promover el arte y las “culturas locales”, en ellas se encuentra la información para ese “aprender a caminar” de las sociedades, para ese “coexistir” con el lugar que habitamos.

Tenemos entonces a la cultura como la manifestación del saber colectivo y al individuo como la unidad de reacción y cambio; falta proponer a la riqueza como la abundancia de bienestar, con lo cual es fácil apartar el dinero de su papel protagónico en la riqueza pues también resulta sencillo mostrar, en un país como Colombia, que puede haber muchísimo dinero y recursos naturales y relativamente poco bienestar.  Con todo “La Cultura como Fuente de Riqueza”, es una frase que propone buscar en las tradiciones y culturas locales, la información que permite llegar a estados de abundante bienestar.  Normalmente despreciadas por los pragmáticos, los usos, rituales, ceremonias, lenguajes y artefactos con los cuales los pueblos nativos alcanzaban valiosos estados de bienestar, encierran en su símbolos ese código genético que les ha permitido adaptarse y coexistir felizmente con su entorno.  Además de ello y teniendo en cuenta que las “condiciones ambientales” que son ya bastante diferentes en comparación con las de otros tiempos, el llamado no es solo a estudiar y promover las culturas ancestrales sino también las expresiones artísticas nacientes en las cuales se encuentra la voz de esos genes para la percepción y difusión que son los artistas.  Pero ese llamado no se hace a las instituciones ni a los gobiernos, se hace a las personas, a los genes.  El mundo nos desboca hacia vacíos profundos donde la salud, la risa, el tiempo en familia, el descanso y la buena comida parecen objetos de lujo asequibles solo con bastante dinero, pero la propuesta de “La Cultura como Fuente de Riqueza” lo que espera es invitar a llenar esos vacíos con las respuestas y propuestas que las expresiones culturales entregan constantemente, colonos y nativos Colombianos, caribeños y africanos, hindúes, chinos, mayas y  árabes, también los raperos de bus, los bailarines callejeros, los poetas de barrio, los artesanos en el parque, graffiteros nocturnos y guitarristas noctámbulos,  perciben y transmiten con su arte la necesidad de un cambio, en sus símbolos capturan los sentimientos de su espacio y los transmiten para que reflexionemos y le demos fuerza, dirección y camino al poder más grande que es el poder de nuestros actos, el Poder de Uno.

Así pues, “El Poder de Uno”, está en hacer algo.  Arte, en su concepción más extensa, es el proceso para llegar a algo y en ese sentido, cada gen, cada individuo tiene un arte, arte  con la cual se hace parte de un todo y a través de la cual percibe y expresa los cambios.  Así como alimentarse y dormir parten de una necesidad profunda que al ser satisfecha en la medida apropiada permite continuar viviendo, así mismo, fabricar, diseñar, cultivar, estudiar o cualquier acción, tienen una raíz profunda en las necesidades de un individuo.  A través de esa necesidad interior y posterior satisfacción, la naturaleza le expresa a cada ser aquello que debe hacer para permanecer con vida.  La necesidad de hacer música, la necesidad de escribir, de sanar, de investigar, le dan la clave al músico, al escritor, al médico o al investigados para encontrar su poder como gen transformador de la sociedad.   Realizarnos y ser felices, no solamente parece ser la búsqueda más común sino la forma más efectiva de contribuir con el mejoramiento de todo, de manera que El Poder de Uno, además de hacer algo, es hacer lo que nos haga felices también teniendo en cuenta que la felicidad, así como el código genético, es un asunto de armonía en el cual la complementariedad y el respeto por el papel de los otros, permite hacernos parte de un todo.

Se cita como ejemplo, una visión muy personal sobre algunas comunidades indígenas colombianas,  pueblos propios de este territorio desde antes de la invasión occidental.  Su cultura les permitía vivir en abundancia de medicina, alimento, recreación y futuro.  Sin tecnología electrónica, sin calles pavimentadas ni baños de losa, ni spas, ni parques temáticos, cines o centros comerciales, la tradición de éstos pueblos habla de la “riqueza” de los tiempos pasados, de la plenitud y sabiduría de los ancestros y su relación con la naturaleza, hablan de la belleza y esplendor de los bosques, de la elegancia de animales desplazados o extintos como venados y jaguares, en fin, del bienestar sin medida que acompañaba sus días. Contaba un Taita Camëntsá del valle del Sibundoy en Putumayo que el bienestar era tan abundante que el nativo dedicó sus días, “no a trabajar, sino a conservar”;  es decir que la constante búsqueda de riqueza del mundo occidental representa un atraso en comparación con ese “conservar la riqueza” de los pueblos nativos.

Para viajar desde el  Resguardo Unificado Embera Chamí en Mistrató – Risaralda hasta la población más próxima, los indígenas, impregnados por la cultura global, se ven humillados por el estado, (quien teóricamente los protege y apoya) en el sentido de que desplazarse hasta el casco urbano más próximo, les implica 3 o 4 horas de esfuerzo físico en un jeep que, diseñado para transportar máximo 2o personas, suele cargar hasta 45, cada uno con sus respectivos mercados y sometidos al sol o la lluvia del día, realidad que podía dignificarse un poco asignando una ruta más al día y no las dos que están permitidas.  Sin embargo, la escasez de comodidad parte de la pérdida de cultura o aculturación del pueblo indígena, pues de tener todo lo necesario en su territorio ancestral, ahora tienen necesidades que los obliga a ese trajín inhumano que les refuerza las ganas de conseguir dinero y salir de un lugar tan alejado.  Aún así también se presenta la contraparte, el gen que reacciona y hace para adaptarse a las condiciones del ambiente.  Baltazar, un agricultor vecino de la misma zona en Mistrató, es una persona de amabilidad incalculable que ve en su tierra el paraíso.  A pesar de las muchas balas que silbaron entre sus cañaduzales, ha construido un espacio a su medida donde una relación, diríase romántica, con sus cultivos de caña, le ha permitido llegar a ese estado tan escaso pero evolucionado de los humanos, en el que la expectativa de servir y hacer felices a otros, representa el propio regocijo.  Muchas cosas podrían decirse sobre Baltazar y su tierra, pero la imagen de su sonrisa mientras levanta peces con las manos como muestra de su amorosa relación con la naturaleza, es suficiente argumento para decir que el Poder de Uno, está en las manos y que la riqueza no debería contarse por números en un banco sino por sonrisas.

Baltazar pescando con las manosSeguramente no es el primero, se tiene la esperanza de que otros genes como Baltazar, comiencen a desarrollar la “Cultura del servicio” y con ellos empiece esa mutación de la humanidad hacia una riqueza sin medida en la cual la mayoría sientan la necesidad de dar antes que recibir, en la cual las tradiciones hagan poemas y melodías donde se cuente que “lo mejor de las cosas buenas no está en disfrutarlas sino en compartirlas” y que la alegría se encuentra despertando la gratitud de otros.

Sobre la Escuela Arte SaVia

Durante el último año,  Arte SaVia se ha transformado de muchas maneras, hemos explorado diferentes formas de llegar a la comunidad con nuestros mensajes y nuestro arte y sobre todo, en nuestro interior, se han operado cambios profundos en cuanto a la forma de ver la vida y de reaccionar ante el mundo.  Sin embargo, el propósito continúa firme y con pequeños pasos pero muy seguros, el sueño de una Ecoaldea Universitaria, se materializa poco a poco y tiene sus primeros avances con la Escuela Arte SaVia.  Ofrecemos entonces algunas imágenes de nuestro trabajo durante los últimos meses no sin antes anunciar que la Escuela Arte SaVia, ese espacio en dónde el arte es la herramienta para despertar las mejores cualidades de nuestro espíritu, abre sus puertas para recibir personas que de una u otra forma deseen desarrollar su interioridad a través de la acción y el trabajo que cualquier arte implica.  En Arte SaVia vivimos una dinámica de crecer y compartir, por lo cuál, las visitas más gratas, serán las de aquellos que vengan con el propósito de aprender y enseñar.  Advertimos que no se trata de un espacio recreativo donde se atiende a los visitantes dese la barrera de convencionalismos turísticos sino de una comunidad que estudia y trabaja en armonía con la naturaleza y que espera compartir esa forma de vida con quienes se muestren interesados.  Se aprovecha para agradecer también a quienes de uno u otro modo, han contribuido con la realización de este sueño.

Calentamiento de antesala a una musicoterapia

Cada día mejoramos nuestro conocimientos sobre las propiedades terapéuticas de la música y cada semana, aumenta el número de personas beneficiadas por la músicoterapia y también, algunas de ellas, han cambiado sus hábitos musicales en pro de su salud física y mental.

Maíz y fríjol sin abonos ni fumignates

Agricultura Artesanal:  En la Escuela Arte SaVia, estudiamos diferentes formas de cultivar sin la necesidad de aditamentos químicos contaminantes y sin el esfuerzo laboral que implican los cultivos orgánicos.  La Agricultura Artesanal, busca por tanto llevar el suelo a un estado de productividad natural y de aprovechar al máximo los productos y los subproductos de las cosechas.

Taller de Arte ConCiencia con extensionistas del Comité de Cafeteros

Arte ConCiencia es el nombre que le hemos puesto a ese estudio que pretende encontrar en las artes, el medio para elevar nuestros estados de conciencia.  Constantemente se realizan charlas con grupos programados o visitantes esporádicos con quienes se busca, en primera instancia, despertar la conciencia en cuanto a los problemas ambientales y mejorar la conexión con la naturaleza desde el conocimiento de la naturaleza interior.

Arterapia para despertar el amor por la tierra y la lectura. Cerca de 500 niños menores de 7 años repartidos en 8 grupos, se beneficiaron de esta Arterapia

Arterapia:  la emotividad de las artes, permite recrear experiencias que precisamente por su valor emotivo, dejan la semilla de ideas que poco a poco transforman nuestra forma de ver la vida.

Hemos compartido un poco de nuestro trabajo.  Esperamos pues, seguir “cultivando la cultura”.

Relaciones entre el Arte Natural y el canto Homerico de Vida y Esperanza.

Por Andrés Alzate

Ve a muchas culturas desconocidas, a aprender, aprender de sus sabios”

A lo largo del aprendizaje artístico-natural, se construyen varios caminos y entre ellos tenemos el largo camino hacia Ítaca, avanzando de acuerdo con las temáticas, las ponencias y los lenguajes alternativos y naturales que solo la naturaleza nos puede brindar, cuando armonizamos con el canto de las aves, fluimos con el viento, actuamos como rocas, árboles o animales salvajes, para este día se llega a la utopía que es una constante construcción, todos nos convertimos en creadores, soñadores y las comunidades celebran las fiestas de la mano del arte así como en Itaca las dionisíacas. En nuestro camino enfrentamos dificultades propias de la superación de todos los terrorismos, venciendolos con la astucia, agilidad y creatividad de los jóvenes artistas, al igual que lo hizo Ulises en su largo viaje de diez años.

Ulises es un joven moderno, las pruebas que enfrentó en la antigüedad: tormentas, sirenas, brujas, monstruos, dioses, remolinos, etc. siguen existiendo, con otros ropajes y máscaras. El debía sanar las heridas físicas y del alma que la guerra había dejado marcada y aprender a perdonar al igual que nosotros.

Nos enfrentamos a los cíclopes, inmensos gigantes devoradores de acordes y letras que tienen un solo ojo en la mitad de la frente, de la misma manera que lo hizo Ulises, con la creatividad. Pero también al igual que él sabemos que a la victoria le puede seguir la derrota y la necesidad de afianzar una y otra vez nuestras notas y nuestros poemas. Nosotros también sacralizamos y ritualizamos para acallar la muerte criminal de las artes y los sueños, para deshacer las cadenas que nos llevaran al ORIGEN. Como Ulises cuando tuvo que ritualizar para recomponer su relación con Poseidón , dios del mar.

El cuerpo de nuestro personaje mítico soportó todo tipo de pruebas, dolorosas y placenteras. Así como él en presencia de la bruja Circe, también nuestros cuerpos han estado encantados y encadenados y necesitan de liberación, los golpes a un tambor, el viento a través de la quena y las palabras del poeta que dedica sus poemas a una flor. Hemos caído en peligro de ser devorados por los poderes caníbales, seres míticos parecidos a los lestrigones, gigantes devora hombres que Ulises encontró y que en el espacio perdido del tiempo llegaron hasta nuestros días para cortas rosas y cosechar espinas.

Hemos encontrando caminos dialogando con la sabiduría de los ancestros y remontando la historia. Como lo hizo Ulises cuando bajó al Hades y se encontró con el adivino Tiresias que le indicó la forma de apaciguar a Poseidón. Con la confianza de la música que es aquella visibilización de lo invisible.

De la mano de esta historia queremos vencer las pruebas para regocijarnos todos en la gran fiesta, libre creadora y artística, la naturaleza quien dota de muchos recursos artísticos. En el punto donde la ciencia se detiene, empieza la imaginación y la creación de la mano de las pequeñas cosas simples pero importantes que nos brinda la naturaleza y la vida.

Ten siempre la Naturaleza en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años

Una economía para salvar la tierra: La economía de recorridos cortos.

Por Iván Agudelo Cardona

Cada día, el sol descarga sobre la superficie terrestre suficiente luz para proveer de energía todas las necesidades de la humanidad.  Se calcula que en un metro cuadrado, la tierra recibe del sol 1380 Julios por segundo.  Es decir que un solo metro cuadrado, recibe durante un día, suficiente energía para proveer las necesidades eléctricas de una casa promedio durante todo un mes.  Sin ser demasiado optimistas y contando con tecnología poco desarrollada, al menos cabe la seguridad de que un día de luz solar sobre un metro cuadrado, necesariamente provee la energía para alimentar una casa promedio durante un día.    ¿Pero qué es la economía y cómo se relaciona con estas extravagancias energéticas?  Vamos a ver:

La economía se define de diferentes maneras pero en términos generales, cuando se habla de economía, se está haciendo referencia al comportamiento y administración de los recursos (bienes y servicios) de individuos y sociedades. La economía como ciencia busca entender el comportamiento y distribución de tales recursos en orden de plantear sistemas económicos, con los cuales determinar costumbres y procedimientos que le permitan a individuos y sociedades intercambiar y manejar esos recursos.  Los nativos Camëntsá del valle del Sibundoy en Putumayo,  entienden la economía como aquellos medios y espacios necesarios para sentirse bien, lo cual, de manera muy simple pero profunda, revela el propósito fundamental detrás de la economía.  En ese orden y al contrario de lo que se piensa, la economía no solo se entiende con el dinero.  Recursos  son también el conocimiento,  la diversión, el tiempo, la salud.  El dinero es solo uno de los innumerables recursos que la economía estudia y aún así, creemos que el dinero es el único recurso económico y por lo tanto olvidamos incluir en nuestras contabilidades, el valor de una sonrisa, la riqueza de un pulmón limpio o el beneficio de un abrazo.  Pero vamos aún más atrás en el entendimiento de la economía y analicemos el concepto de RECURSO.

Al rededor de este término también se encuentran bastantes definiciones pero se entiende por recurso cualquier procedimiento o medio usado para satisfacer una necesidad.   Desde la física y la biología, esos procedimientos o medios se resuelven en un solo concepto:  ENERGIA.  Nuestra necesidad de transporte requiere la energía del petróleo.  La necesidad de alimento requiere la energía de frutas, verduras, productos animales además del trabajo de quienes cultivan.  La necesidad de refugio requiere la energía de muchos brazos que construyen y levantan edificaciones.  La necesidad de salud requiere la energía de muchos años de estudio por parte de médicos y científicos.  La necesidad de diversión y comodidad requiere la energía y trabajo de artistas e ingenieros.  El deseo de iluminar y ambientar las noches requiere energía eléctrica.  La tierra es abundante en materiales pero esos materiales permanecerían quietos e inalterados si no hubiera energía para transformarlos.    Así pues, si desde la física y la economía rastreamos aquello que llamamos VALIOSO encontraremos que todo lo valioso se encuentra en las fuentes de energía.  De ello también se desprende que la más valioso de la tierra, no es esa masa oscura sobre la que todo yace,  sino los árboles, animales y microorganismos que habitan esa masa y transforman la energía del sol para convertirla en vida.

Así nos conectamos con el comienzo del artículo, en donde podemos deducir que el sol entrega energía suficiente para proveer de riqueza a toda la humanidad.    ¿Y por qué la pobreza? ¿De dónde viene el desorden?  El desorden está en que la humanidad ha invertido cantidad de recursos en descubrir cómo transformar la energía solar y al tiempo de hacer esto, va por el mundo destruyendo los bosques sin percatarse de que en las hojas de cualquier planta, ya sucede esa maravillosa transformación de la energía solar en energía almacenada y lista para uso libre.  Sin embargo no es objeto de este texto explicar los procesos históricos de semejante absurdo ni entrar a detallar porque la energía solar es energía limpia mientras que toda la contaminación del planeta proviene de la energía del petróleo.  Interesa por el contrario plantear alternativas para el ahora.

Para la Economía de Recorridos Cortos, se parte entonces por entender y valorar que en cada hoja de cada planta está sucediendo la transformación de energía solar.  Se trata de concebir cada metro cuadrado de tierra, como un panel solar que se enciende mediante el cultivo, cuidado y administración de las plantas sobre él.  De aquí ya se extrae un principio ecológico y agronatural que es “no quemar, no platear, no pelar la tierra”.  Dejar la tierra al descubierto es destruir todo aquello que puede transformar la energía solar.

La Economía de Recorridos Cortos, desde su mismo nombre, plantea entonces el ahorro de la energía que se invierte en transportes.  En el municipio de Fresno, en Tolima, Colombia, se realizó un experimento que revela la pobreza y contaminación de la economía actual:  Un cultivador de tomate, marcó algunas de sus cajas, las cuales fueron vendidas a un intermediario comprador de la plaza.  Este intermediario de la capital llevó las cajas de tomate a las centrales de abasto,  ese recorrido necesariamente requirió una cantidad de energía representada en gasolina y tiempo del conductor.  Allí en la central de abastos,  el dueño de una verdurería de Fresno, compró nuevamente los tomates y claro, debió invertir energía para regresarlos hasta el pueblo.

Al salir de la finca estos alimentos estaban en buen estado, luego de invertir en su transporte, hay que desecharlos.

 El resultado del seguimiento fue que los consumidores finales, debieron pagar la gasolina y transporte que inútilmente y en detrimento de la calidad del producto, se utilizo para sacarlo de paseo.  Lo que agrava el asunto es que el consumo de gasolina no solo extrae capital del país sino que contamina durante casi 1000 kilómetros de carretera, todo ello sin contar con el desgaste del vehículo y otra cantidad de pequeños gastos por donde se desvanece la riqueza.

La Economía de Recorridos Cortos, en cambio, no requiere inversiones altas, toda su esencia está en organizar y administrar.  Si el productor original puede venderle directamente a los distribuidores o, mejor aún, a los consumidores, tanto los unos como los otros van a ver incrementos en el rendimiento del dinero.  Sin embargo, la visión de la Economía de Recorridos Cortos pretende que los productos se distribuyan primero y directamente en las veredas.  No es comprensible que una familia campesina, deba invertir energía en ir hasta los cascos urbanos para surtirse de productos que seguramente son cultivables en su patio.

http://conservasdeelena.blogspot.com/

Desde la anterior perspectiva, aparece entonces el segundo principio de la Economía de Recorridos Cortos que es la variedad:  Así como se parte por entender cada metro de tierra como una planta de energía, lo segundo es ver cada familia, granja o casa rural, como una industria.  Con una asesoría adecuada y una administración eficiente, 50 fincas pueden proveer hasta 300 productos diferentes para abastecer de lo más esencial a toda una vereda.  Como en el campo colombiano, no todos los campesinos tienen espacio para cultivar, aquellos menos favorecidos pueden ser capacitados para procesar y darle valor agregado a los excedentes y subproductos.  Así pues, de 100 familias campesinas, 50 pueden acordar el cultivo de 300 productos (cada una debe producir únicamente 6 alimentos diferentes) y 50 pueden dedicarse a fabricar mermeladas, quesos, conservas, harinas, concentrados, abonos, biocombustibles y, por qué no, artesanías y elementos útiles confeccionados con materiales extraídos de la misma vereda.  El hecho de que un campesino no deba transportarse hasta el casco urbano para suplir sus necesidades básicas, implica un ahorro de energía y una merma en la contaminación.  Como la energía no se crea ni se destruye, esa energía ahorrada se convierte en riqueza para la comunidad, pues un mercado de este tipo, es también un espacio cultural y social que crea identidad y desarrollo.  Aquello que debía invertirse en gasolina, puede invertirse entonces en mejorar acueductos, carreteras, viviendas, escuelas, festivales.  Lo más interesante del asunto es que un esquema como el que se plantea, deja grandes cantidades de excedentes que procesados y con valor agregado, pueden ir a las ciudades para integrar la vida urbana dentro de la Economía de Recorridos Cortos;  el resultado de vender estos productos en las ciudades implica aún más ganancias para la vereda pues los dividendos de este comercio no deben invertirse en suplir necesidades básicas sino en mejorar la calidad de vida.  Los habitantes de las ciudades también se verían beneficiados por una gran oferta de productos a precios razonables y de alta calidad artesanal.

Miremos entonces un ejemplo comparativo de cada economía para aclarar el panorama:

Con la economía actual,  la energía sufre las siguientes transformaciones:  En principio todo parte del sol, de la luz que golpea el follaje y gracias a la fotosíntesis se transforma en energía química almacenada en moléculas de carbohidratos.  Esa energía almacenada en forma de alimento es el principal elemento de comercio en la historia y el mundo.   Después de muchos meses de trabajo, el agricultor debe transportar hasta un punto de comercio su producto y para ello comprar, en forma de pasajes o directamente de gasolina, energía del petróleo para transportar esos alimentos.  De aquella venta, recibe una cantidad de dinero que debería representar su trabajo de todos esos meses, pero con ese dinero, el campesino compra la energía de abonos, fumigantes, servicios públicos y de nuevo, el transporte de regreso a la finca.  Con lo sobrante, el campesino debe comprar alimentos con los cuales abastecerse a si mismo y a su familia, de energía suficiente para seguir trabajando hasta la siguiente venta.  Entre tanto, un intermediario  compra energía para transportar esos alimentos hasta las centrales de abasto, lugar en el que es necesario pagar arriendos, servicios y mano de obra no calificada.  Allí, un nuevo intermediario adquiere el producto y además de pagar por la energía para transportarlo hasta el punto de venta, el producto se ha deteriorado y ensuciado por el viaje y la manipulación, por lo cual se hace necesario pagar la energía de un empleado quien  limpie y organice la mercancía.  Ya en ese punto, algunos alimentos se han dañado y van a la basura.  El consumidor final, debe pagar la energía para ir y regresar al punto de venta y en el precio del producto, se hace cargo, además, de todas las energías usadas para llevarlo hasta allí.  Si ese consumidor final es también un campesino, la cruel realidad es que lleva a su casa un 70%  menos de la energía que sacó de la finca.  Si el sol no fuera tan abundante y la tierra tan dadivosa, en cuestión de solo un año las fincas estarían agotadas.  Los alimentos que fueron al bote de basura, a pesar de haber iniciado un proceso de descomposición, siguen teniendo un potencial energético muy grande que por desatarse al lado de plásticos, latas y jabones, se convierte en contaminación.  Finalmente, dentro de las personas, la energía del alimento se transforma en lo que cada profesión demanda pero, en la mayoría de los casos, se olvida que el objeto de esa transformación es llegar a estados de salud y bienestar cada vez mejores.   En términos generales, lo que se aprecia es un proceso en el que la energía del sol hace un recorrido de desgaste, cuyo final, al mezclarse con derivados del petróleo, suele ser contaminación.  El consumidor final no es el único destino de los productos agrícolas pero tampoco es objeto de este artículo describir al dedillo los movimientos del capital, se busca abrir el panorama y ponerse al frente de la propuesta.

¿Qué plantea la economía de recorridos cortos?  Según los climas y topografías de cada vereda crear acuerdos de autoabastecimiento que comprometan a por lo menos 20 familias con la producción de al menos 5 productos diferentes.  Esto nos da un total de 100 productos,  con los cuales abastecer de lo más esencial a esas 20 o más familias.  Cultivar y sostener la producción de 5 alimentos diferentes no es mucho reto para un campesino,  es mucho más difícil pero saludable y divertido tratar de incluir en la dieta 100 alimentos distintos (la mayoría de nosotros no mercamos más de 50 cosas en las cuales se incluyen el jabón y el papel higiénico).    Esa base alimentaria brinda seguridad y permite jugar con los excedentes (muchos campesinos se ven forzados a vender mal sus cultivos porque tienen la urgencia de mercar).  Cada cultivador, puede vender a mejor precio su producto y aún así también resulta más económico para todos los demás, el dinero del transporte y los intermediarios se reparte entre los propios campesinos.  Ya con la seguridad alimentaria establecida,  se da la libertad y comodidad de buscar los mercados más apropiados para los excedentes pero si se incluye en el paisaje a 10 familias capacitadas en diferentes industrias artesanales, a esos excedentes no solo se les da mayor valor sino también más libertad y durabilidad para competir en los mercados.  Esas 10 familias adicionales no solo van a incrementar el consumo de los productos básicos (y por lo tanto los ingresos de todas las 20 familias anteriores) sino que se van a incluir dentro de la canasta básica de la vereda otros tantas delicias artesanales.  De ellos pueden surgir entonces mermeladas, quesos, conservas, harinas, abonos y artesanías.  La idea es que las industrias artesanales compren los excedentes a precios de mutuo beneficio y de allí, esos productos se transporten a un único punto de venta en el casco urbano o en una ciudad cercana.  En las ciudades entonces, encontraríamos tiendas representativas de diferentes veredas, ofreciendo más de 100 productos, entre frescos y procesados, y directamente en los barrios para acortar aún más las distancias.  La energía solar, pasa entonces de la planta al fruto y del fruto a los vecinos (recorrido corto) y los excedentes,  se recogen de cada finca en un solo transporte y se llevan hasta un único punto de venta en el cual, familias de la ciudad, van a encontrar en las cercanías de su casa, productos de excelente calidad, con la belleza del trabajo artesanal y a precios muy económicos pues no deben costear los transportes e intermediarios del modelo anterior.

Lo que se plantea es apenas un esbozo.  Hace falta exponer temas relacionados con la salud y evolución de la comunidad a más largo plazo.  Se espera también que el modelo sea el principio de una agricultura limpia y ecológica donde se respeten las fuentes de agua, los árboles y las especies nativas.  Se espera  que ese intercambio entre los vecinos de una vereda y la posibilidad que el punto de venta urbano les da para expresarse, se convierta en el motor de expresiones culturales.  También hace falta exponer la vinculación de esta propuesta con la anterior tentativa ecológica presentada en el artículo de “La basura como fuente de riqueza” pero, sobre todo se espera que este artículo, el más extenso y estudiado en el blog de Arte SaVia, abra la puerta para que muchos interesados reorganicen sus ideas de intervención agraria, ecológica, social o cultural.  Promover este tipo de iniciativas es la misión de Arte SaVia y  estamos dispuestos a responder todo tipo de inquietudes al respecto y a brindar con nuestros servicios, nuevas luces sobre el tema.

Adalberto Agudelo Duque, uno de los escritores más premiados de Colombia.

Hemos realizado un documental sobre el escritor colombiano Adalberto Agudelo Duque.  Mejor que cualquier comentario es verlo y escucharlo.  Esperamos que lo disfruten y que no se limiten en los comentarios, nos interesa mucho conocer la opinión de nuestros seguidores.

El conocimiento como medicina

Por Iván Agudelo Cardona

En términos muy generales, las enfermedades aparecen como resultado de necesidades largamente insatisfechas. Experimentalmente es fácil de apreciar lo anterior ante necesidades tan evidentes y cotidianas como el alimento.  Un estómago largamente insatisfecho, por ejemplo, es el principio de bastantes inconvenientes.  De manera más específica, un cuerpo que no llena equitativamente los espacios dejados por el gasto respectivo de proteínas, vitaminas,  minerales o energéticos, es un cuerpo con tendencia a la enfermedad.   Así mismo sucede entonces con todas y cada una de las necesidades, vacíos o ausencias que se presentan en la totalidad de nuestro proceso vital.  De ahí que la falta de afecto, compañía, diversión, deporte, sueño, trabajo y muchas otras, sean también el origen de bastantes enfermedades.  Sobre esto se plantea entonces el Conocimiento como Medicina mas antes de profundizar en la propuesta, es importante aclarar el concepto de conocimiento sobre el cual se erige esta.

Se tiene la idea de que al conocimiento se llega mediante el estudio y aunque el estudio es parte importante en la adquisición de conocimiento es la experimentación el verdadero componente principal.  Experimentar, es decir, vivir experiencias, realizar experimentos, es la actividad que más nutre el conocimiento, dado que conocer es precisamente el acto de llevar a la mente las cualidades y características de algo.  Esas cualidades y características son recolectables con los sentidos ya que son ellos quienes nos permiten guardar imágenes, sonidos, olores e infinidad de sensaciones.  El estudio sería entonces el ordenamiento de esa información recibida.  Para aclarar con un símil, es necesario tener ladrillos, hierro, cemento y tejas para construir un edificio.  Esos materiales son las experiencias, cada experiencia aporta un ingrediente o material al edificio del conocimiento, cada recuerdo, imagen, textura, sonido, temperatura.  El estudio, es lo que permite tomar esos materiales y convertirlos en estructura funcional, es decir, el estudio da las herramientas, palas, alicates y martillos necesarios para construir.  De esta manera, un niño busca experimentar más y más cosas para contar con abundantes materiales, luego estudia para adquirir las herramientas y finalmente construir su edificio del conocimiento.

Desde esta perspectiva, el conocimiento es una Medicina.  Procurar nuevas y variadas experiencias, propender la lectura, caminar por lugares desconocidos, oler una flor nunca vista, probar un alimento nuevo, escuchar músicas de diferentes países, son ejercicios que estimulan el conocimiento y que llenan vacíos escasamente llenados.   Cada experiencia nueva, llena, nutre, se aloja en alguna falencia, necesidad o ausencia y por lo tanto aporta medicina a esa área respectiva de nuestra vida.  En términos practicables, conocer el funcionamiento de nuestro cuerpo es en sí una medicina porque nos permite anticipar reacciones, prevenir riesgos o sanarnos en situaciones de enfermedad incipiente.  Viajar y experimentar lugares diferentes, llena el vacío o la necesidad de aventurar, de explorar, de entender lo que hay más allá.  Dedicar tiempo a responder preguntas como ¿Por qué hago lo que hago?  ¿Por qué vivo donde vivo?  ¿Quiénes y por qué frecuento a las personas que frecuento?  Hace que llenemos con nuestra mente la necesidad de manejar y entender mejor la vida.

El Pensador de Rodin

En resumen, las preguntas son vacíos y cuando hay vacíos largamente insatisfechos se produce la enfermedad.  Llenar esos vacíos con respuestas nos da salud.  Entrar en una dinámica constante de conocimiento, de experimentación, de entendimiento, necesariamente brinda salud y los efectos de tal dinámica se dejan sentir en muy poco tiempo.  En términos de medicina moderna, es comprobado y aceptado que estimular la circulación nerviosa excita las células y les mejora su capacidad de  respuesta y sanación.  Experimentar, hace que usemos las manos, la nariz, la escucha.  Cada vez que usamos los sentidos le damos un estímulo al sistema nervioso y de esta manera activamos procesos celulares apagados, latentes o en reposo, lo cual resulta también estimulante para la salud física.  Emocional y socialmente hablando, conocer personas, hablar con quien se comparte silla en el bus, ser amable con los vendedores, hace parte de esta propuesta de conocer para ser saludables, todo ello, por supuesto, dentro de los límites que la ley y la moral permitan ya que realizar experimentos que atenten contra la propia integridad o la de alguien más, solo servirán para demostrar que el daño producido a otros es un daño que se produce a si mismo.