Manos a tierra

Especialmente en Colombia, crecimos con la idea de que vivir y trabajar en el campo es sinónimo de pobreza, atraso y violencia.  Pero no se le puede echar a la tierra la culpa que pesa sobre gobiernos insensatos, colonizadores desalmados y aristocracias egoístas.  No cabe duda que la vida campesina de nuestro país, toma muchas veces apariencia precaria pues los procesos históricos, armados y belicosos desde la llegada  de los españoles, instalaron una dinámica de supervivencia en la cual estar vivo es ya suficiente requisito para considerar el estado de bienestar.  En esa medida, nos olvidamos del progreso, del crecimiento personal, de la evolución y la armonía y olvidamos que el verdadero placer reside en estas perspectivas y no simplemente en la borrachera del fin de semana.  Así mismo, dejaron de importar el sudor y el constante agotamiento, los callos en las manos, el trabajo sin remunerar de familiones enormes que crecieron bajo el paradigma de que en el campo no se puede progresar porque vieron sus esfuerzos consumidos en los excesos de los patrones, padres o hermanos mayores.

Pero esa es una realidad social, no una realidad natural.  Cuando al campo se le despoja de matices socio-económicos convenientemente impuestos por unos pocos, descubrimos un espacio de plenitud y realización personal.

Durante los últimos años, muchísimas organizaciones, grupos e individuos propalan el retorno a la Tierra, el llamado de Gaia, Pachamama, Ievaia.  ¿Pero qué es volver las manos a la tierra? ¿Acaso es postrarnos y dejar de mirar el futuro? ¿Será solo cuestión de reciclar y cerrar la llave?  La crisis mundial de alimentos pronostica que por lo menos el 64% de la población mundial debe cultivar.  La sobrepoblación urbana y la falta de empleo piden que el 32% de la población urbana regrese a los campos.  El agotamiento de las fuentes de Agua, a pesar de los crudos inviernos, pide que el 44% de la población consuma agua de fuentes naturales alternas para liberar la carga de los grandes abastecimientos urbanos.  La crisis energética y el agotamiento de las fuentes de petróleo, piden que 38% de la población mundial se provea de energías alternas.    El desmesurado incremento de todos los tipos de cáncer pide que 78% de la población consuma alimentos libres de aditivos derivados del petróleo, abonos, plaguicidas, transgénicos y hormonas.

Volver a la tierra, volver las manos a la tierra, no es entonces, simplemente cuestión de mirar el sello de reciclable en los empaques de lo que compramos.  Desde muchos lados, desde muchas voces lo que se pide es volver al campo, a la vida natural, a la siembra, al trabajo de las manos y la paz del espíritu.  Tomar la tierra en nuestra manos y llenarnos las uñas con el oscuro carbono que le da cuerpo a todo lo viviente.

Lo mejor de todo es que ese retorno no implica un sacrificio.  Creemos lo creemos del campo y adoramos lo que adoramos de las ciudades porque no estamos bien informados:

* No es necesario destrozar nuestras manos, ni curtir nuestra tez con horas de sol.  La Agricultura natural permite cultivar nuestra comida dedicando al campo sólo dos o tres horas al día.  Resulta ser la medida justa de aire libre y activación cardiovascular tan recomendada por los médicos.

Comer lo que sembramos ahorra toda la energía que se invierte en transporte, estanterías, etiquetas, empaques.

* El campo da espacio para la recreación.  Cuanto se valora y se paga por recorrer jardines, por visitar ecoparques, exposiciones de flores, mariposas, aves.  No se compran en las ciudades CDs con el canto de los pájaros?  Cuánto se paga por aprender a hacer artesanía y música.  En el campo todo pide arte, la música brota, la gran obra se construye diariamente desgranando el maíz, o asando mazorcas.

* El campo brinda salud, aire puro, alimentos limpios.  No es necesario comprar pastillas para el dolor de cabeza porque no hay ruido ni concentración de señales electromagnéticas.  Tampoco hay que comprar vitaminas porque las guayabas se pierden y es irresistible el impulso de hacer dulces con miel de panela.

* Hay muchísimo tiempo libre y el espíritu, cuando se dispone a recibir todo lo mencionado, no encuentra más camino que producir y entregar cosas nuevas.  Así brota la palabra de la pluma, el canto de las gargantas, las reflexiones y la sabiduría de la mente.  ¿Quién no siente emoción y ganas de expresarla cuando un colibrí hace su visita mientras se lee un libro bajo la sombra de un árbol?

Se habla de peligros salvajes y enfermedades tropicales pero incluso esto resulta cuando no hay armonía entre nosotros y el ambiente.  Cuando consideramos el campo como una mina de solo explotar y nada que retornar.  Pero si sembramos de manera consciente, si emprendemos la recuperación de los suelos para no abonar nunca más, si nos detenemos a observar la belleza de las cosas y no solo la plaga que muerde la hoja, nuestra vida se colma de maravillas y todas aquellas cosas que parecían destruirnos, de repente se convierten en fuente de bienestar.

Volver a la tierra, volver las manos a la tierra, es recordar que somos parte de ella y saber que un poco de tierra en nuestras uñas no hace daño.  Por el contrario, tratar de quitar la tierra de nuestras uñas es como quitarnos los huesos que se formaron gracias a la leche materna.

Manos a tierra

En todo el mundo, sociedades enteras están regresando al campo porque el campo es una opción de vida.  Cuando lo miramos sin el lente de la productividad, el rendimiento y la riqueza material y lo vemos como una fuente inagotable de experiencias y sensaciones, el campo se convierte en el espacio ideal para realizarnos como personas, para tener abundante comida, abundante salud, abundante diversión, abundante comodidad y claro, luego de tener todo eso en la medida apropiada, se abre el camino de la evolución, el espacio para responder las preguntas universales de por qué y para qué estamos acá.

Como el tema es de armonía, no se trata de olvidar las ciudades y la tecnología.  Todo puede tener una medida justa y es posible transformar muchas fuentes de destrucción en soluciones para el progreso.  Pero la gran maestra de la armonía es la naturaleza y antes de pretender construir un mundo, es bueno regresar a ella y aprender unas cuantas lecciones.

Si ellos puede vivir en paz...

Iván Agudelo Cardona

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