Vivir el momento o vivir en el tiempo

En los últimos años, por muy variadas razones y desde diferentes corrientes de pensamiento incluso muy encontradas entre si, se viene manejando la idea de “vivir el momento” como una práctica necesaria para alcanzar estados de libertad y felicidad.  Sin embargo, también se convertido en la excusa para desbocar las acciones y justificar excesos no del todo beneficiosos.  De nuevo la variedad de significados se presta para que en las palabras se refugien las aberraciones o virtudes de los hombres de la misma forma como en tiempos milenarios o modernos se han usado filosofías y religiones para construir y destruir.

La idea de “vivir el momento” nos plantea una realidad fotográfica, quieta en la cual solo importa la excitación momentánea, olvidando convenientemente el “detrás de cámaras” de esos momentos de exceso.  Pero la vida no es fotográfica, la vida es una animación que tiene un origen y un destino (físico, biológico, religioso, espiritual o trascendente según sea el gusto) y en esa medida, pensar solo en la fotografía puede alejarnos de la realidad.

Aún así, la idea de arriesgarse a nuevas experiencias, la idea de no pensar en lo que se pierde sino en lo que se gana, la idea de buscar  la felicidad presente y no la probable sigue siendo el principio de estados muy saludables y plenos para quienes practican este principio de manera consciente.  Aunque cualquier juego de palabras es susceptible de variadas interpretaciones, puede no tener sentido aclarar entonces en qué consiste esa práctica consciente de “vivir el momento” mas habrá lectores a quienes tal aclaración pueda resultar provechosa.

Vivir en el tiempo

Pasar de la vida fotográfica a la vida animada sin perder la libertad y felicidad del momento presente, consiste en darle movimiento a la frase “estar bien”, pareja de palabras que parece representar el objeto de nuestra vida.  Estar habla del ahora, permanecer habla del tiempo, habla de buscar el bienestar a cada instante sin perder la felicidad futura.  De medir los placeres hasta el punto en el que comienzan a producir un perjuicio y de hacer sacrificios solo hasta el punto en el que dejan de producirnos placer y se convierten en esclavitudes sin sentido ni resultado.  Así pues,  “Vivir el momento”  como fórmula para estar bien, puede reemplazarse o practicarse como “vivir en el tiempo” para “permanecer bien”.

Iván Agudelo Cardona

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