La ciencia es otra forma de creer

Cuando un estudiante de ciencias explica fenómenos del universo, lo hace creyendo en la verdad que plantean sus libros de ciencia.  El estudiante ejecuta los procedimientos, comprueba los resultados y con ello aumenta la credibilidad en sus fuentes pero en el fondo, él por si mismo, no se ha detenido a comprobar el orden y origen de los planteamientos para determinar si lo expuesto es cierto o falso.  De igual manera procede el místico, repite y divulga lo que sus fuentes le han mostrado y los resultados lo invitan a creer en ellos cada vez más, también sin detenerse a replantear por sí mismo los principios sobre los cuales teje su creencia.  Tarde o temprano, el investigador disciplinado agota las fuentes y es succionado por el origen, hasta el punto de necesitar revisar los principios para continuar investigando.

Para ciencia o misticismo, el lenguaje es mediador indispensable.  Números, letras y demás signos, convierten al científico y al asceta en lectores de los diferentes lenguajes de la naturaleza.  Para esta cuestión, la lengua en la que se escribe este texto nos permite una lección que armoniza al pragmático con el creyente.

Un ingeniero puede decirnos “uno es lo que crea” y el religioso en efecto corroborar que “uno es lo que cree”.  Creer y crear entendidos como un mismo verbo invitan a descubrir que para cada quien, el mundo es lo que cree de él y en él pero también es lo que crea de él y en él.  Si creemos en un mundo de bien y de mal y actuamos de acuerdo a ello, nuestras creaciones, nuestras acciones, serán acciones de bien o de mal y al actuar en una estamos creando la otra.  Si creemos en un mundo pasajero de enseñanzas y aprendizajes, nuestras acciones serán de enseñanzas y aprendizajes y estaremos creando un mundo de conciencia donde es posible entender las debilidades de los otros y la necesidad que tienen de aprender, de aprender a vivir en armonía con la naturaleza, a amar a su pareja, a educar sus hijos, a vivir sin hacer daño.

Así mismo creer en un mundo donde la ciencia y el misticismo se compiten los territorios económicos, crea un panorama de constante enfrentamiento donde se excluye a las personas y se refuerzan la discriminación, la diferencia y las jerarquías.  Creer que tanto el místico como el científico, están ambos a acudiendo a herramientas de la mente para llegar a una mejor comprensión del universo, crea un panorama dónde la ciencia y la magia, permitan una percepción bifocal de la realidad, una visión estereoscópica que le de más dimensiones a nuestra existencia.

Con todo lo anterior, se invita a creer que ciencias y religiones, buscadoras de bombas atómicas o apocalípsises, han sido duras lecciones del destino que buscaban mostrarnos hasta dónde llega el poder del átomo y la palabra, lecciones para entender que la creación de barreras al rededor de una única cosa es algo que destruye pero la integración enriquece, diversifica y fructifica.

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