Origen y destino de la basura

En la Madre Tierra, el agua fluye por cañadas, arroyos y grandes ríos, así como la sangre circula por nuestro cuerpo en vasos, venas y arterias.

Los ríos están bien para nosotros porque nosotros también estamos hechos de agua y de fruta, de minerales y energía solar.

Ahora existen otros lechos por donde fluyen el metal y la gasolina y estos nuevos ríos no hacen parte de nosotros porque no estamos hechos de plástico ni combustible.  En estos ríos somos como seres atrapados en botellas con miedo de avanzar con nuestros propios pasos.  Creemos que se puede llegar más lejos y es verdad, pues nos alejamos de nosotros mismos, de nuestra naturaleza, de nuestra esencia.  Olvidamos que nuestro cuerpo está hecho para caminar hacia cualquier lugar y preferimos los destinos pavimentados por otros.

En la Madre, la tierra es blanda y esponjosa.  Tiene un poco de humedad, un poco de aire y un poco de calor,  la tierra es la medida justa de los demás elementos para propiciar la vida de todas las semillas, la tierra descompone los sobrantes y los convierte en nutrientes, la tierra deja espacio para las raíces y filtra todas las aguas.   La tierra está bien para nosotros porque somos hijos de la tierra.  La piel, el cabello, nuestros fluidos, todo se asimila.

En ella no existe la basura, todo es alimento o semilla y no hay fruto que sea despreciado.  En la tierra, todo se descompone con arte.

Ahora existe otra tierra donde los sobrantes se acumulan, dónde los sueños no germinan porque el suelo es duro y no permite echar raíces, donde la lluvia no enriquece sino que inunda, donde los pensamientos no se elevan hacia las estrellas, sino que se estrellan contra los elevados.  Una tierra donde la energía no circula en la fluidez de las curvas, sino que se atasca en paredes y semáforos.  Tierra donde no crecen los árboles sino los orgullos.

En el aire viajan las canciones de las aves, el murmullo de las aguas, los olores de las flores.  Todas las plantas sudan sus esencias y en el aire están sus medicinas.  El aire es bueno para nosotros porque somos hechos de canciones, nuestro corazón es puro ritmo, respirar es una melodía.  El aroma nos guía hacia el alimento y la pareja, nos aleja del peligro.  Este nuevo aire es puro ruido, humo pesado y agobiante.  Es la tos del petróleo que calcina  a los que no tienen dinero, es el veneno que se fumiga en los campos para satisfacer las apariencias, es aire de electromagnetismos que vigilan y de noticias deformadas por el interés de los emisores.

Nuestro fuego es el del sol.  Sol que se hace fruto en las hojas de los árboles.  Sol maíz, sol trigo, sol madera que convoca a las familias en torno a las hogueras.  Sol que se hace aceite en los vegetales, azucar en la caña, leche en el pasto, huevo en la gallina. ¿No son las frutas pequeñas soles, energía que mueve los animales?

Ahora existen otros fuegos…

Está el fuego de una sangre oscura que la tierra tardó milenios en ocultar.  Está el fuego que resulta de profanar la intimidad de la materia y está el fuego de la pólvora, un fuego que siempre perfora, debilita, arrebata, destruye, nunca entrega nada.

¿Y entonces? ¿Cuál es el origen de la basura? Petróleo, hormigón, combustión, estaban ahí antes que nosotros y aún así la naturaleza crecía y abundaba.  Si viajamos hasta lo más esencial del concepto BASURA, nos daremos cuenta de que es sólo eso, una idea y como idea, la traemos con nosotros.  Así pues, el origen de la basura somos nosotros mismos.  Es posible realizar campañas multimillonarias para descontaminar el planeta, es posible implementar programas educativos muy elaborados para preservar el medio ambiente y es posible rediseñar las tecnologías para reducir la polución pero si el esquema de vida sigue siendo el consumir, el manantial de la basura seguirá brotando en miles y variadas formas.

El problema es querer siempre más, más comida, más sabores, más abrigo, más velocidad, más información, más territorio, más espacio, más tiempo, más belleza, más seguridad, más estabilidad, más aceptación, más participación, más tecnología, más comodidad.  Incluso a quienes trabajamos para  el medio ambiente, nos resulta muy contradictorio el querer más recursos para lograrlo, el esperar a que otros se unan a la causa, el pretender que todo sea diferente sin sacrificar nada, siempre esperando a que las soluciones vengan de afuera, siempre pidiendo a los dioses, siempre echando la culpa a otros cuando el origen del asunto es que buscamos la felicidad en cosas que están por fuera.

Así como en la semilla existe el árbol, así mismo, todo lo que necesitamos para desarrollarnos está en nuestro interior, agua, tierra, fuego y aire están siempre ahí para darnos forma y solidificar lo que vemos adentro.  La felicidad es un estado natural, abundante y espontáneo, así como el fuego del sol, el agua, el aire y la tierra existen en nosotros, el color, la vida y maravilla de la naturaleza, también.  Por eso, buscar la felicidad en cosas externas nos llena de despojos, simplemente porque es tratar de llenar algo que ya está lleno, es seguir depositando cosas donde no hay espacio, es apretujar algo que solo necesita fluir, el arte y riqueza de cada quien está en su interior así como los frutos y las flores están codificados en el ADN de la semilla.  El vivir para consumir hace que todo se llene de sobrantes, de excesos, de energías que no podemos administrar y tarde o temprano pasan a perturbar la existencia de otras cosas.

Cuando pagar sea más placentero que cobrar. Cuando cultivar sea más placentero que cosechar.  Cuando limpiar sea más gustoso que gastar.  Cuando entregar a la noche el calor de nuestro cuerpo sea más agradable que consumir el fuego de la hoguera.  Cuando cantar una canción sea mas dichoso que escucharla.  Cuando sembrar un árbol resulte más provechoso que talarlo.  Cuando prestar nuestra casa sea mejor que mantenerla sola, en fin, cuando se descubra el infinito placer que hay en compartir y se perciba lo perjudicial que es únicamente consumir, estaremos pasando de una sociedad de consumo a una economía del dar y la fuente de la basura se habrá agotado.

Así pues, si se buscan soluciones prácticas o técnicas para terminar con el problema de la basura, es reiterar la misma situación de buscar por fuera.  El mundo en el que vivimos surgió de las ideas, pensamientos y filosofías.  No hubo árboles de teléfonos ni ríos de ruedas, todo surgió de la mente de algunos creadores y es aceptado, practicado o utilizado por la mente de los demás.  Es evidente entonces que los cambios deben surgir también desde adentro y el que cada quién decida realizar un cambio en su interior va a permitir que todo, poco a poco, vuelva a la armonía así como poco a poco, se convirtió en caos.

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