El lado oscuro de la montaña

cathedral-643950_640La preciosa montaña no siempre fue así. En las pobres rocas que han salido del inframundo vibra la historia de tiempos oscuros cuando el canto de los pájaros no se conocía siquiera y el color no era más que una leyenda susurrada por los condenados.

Tiempos donde la sombra se distinguía poco de los verdaderos seres y el amanecer era un pálido aullido de las aves que alcanzaban a escapar de la lluvia.  Todo era húmedo, fangoso, podrido.  Todo lo que existía lo hacía por la sola habilidad de quedarse quieto, de no esperar nada excepto la visita de la dama blanca.

-¿La dama Blanca?  Preguntó un chiquillo.

– La dama Blanca en efecto, contestó el anciano, la fría caminante de la luna llena, la madre del resplandor opaco, la sembradora de la luz de las estrellas.  Aquella que con un soplo puede arrancar de ti el fuego más íntimo.

-¿La muerte?

Siii.  Contestó el narrador de la historia como si esa palabra fuera un hechizo:

El gran señor y cuidador de la montaña, colmado de orgullo por la civilización que crecía a sus espaldas, emprendió una fe en contra de la Dama y convocó la magia y hechicería de todos los arcanos sin importar por dónde y como vendrían.  Simplemente desató su ira en contra del espíritu que guiaba a los muertos y con todas las fuerzas de su magnífica fortaleza la acorraló en los rincones más oscuros de la oscuridad, donde su propia luz, no le era suficiente para guiarse en el vacío.

Desde ese momento, la muerte solo pudo escabullirse en las emociones más bajas de la energía, cabalgando al lado de la violencia, la desesperación y ira. La muerte se vio forzada a realizar su trabajo en momentos de mucho dolor y densidad.   Como una herida de batalla, como un lamento de olvido, como una carcajada de desesperación.  Como un gemido que nadie escucha.

entrance-677660_640Pero en manos de la muerte quedó también la venganza y unida a su desgracia vino también ella, la cobradora de las cuentas forzadas, y por horror de sus desesperanzas, pactaron no volver a llevar muerte ni venganza a ninguno de los habitantes en el reino de la montaña.

Al principio pareció que estaba muy bien, pero la vejez agobiaba y las enfermedades dolían.  Siempre interminables, siempre peores, peores cada vez.  Por que la muerte no venía y la venganza no permitió que unos quisieran matar a otros.  Todos vivos, todos eternos, pero enfermos y moribundos hasta la eternidad.

Viendo ya, que nada podría detener la decadencia de su mundo, el cuidador de la montaña descendió a las profundidades de la nada y en lo más oscuro de su fe, excavó y excavó hasta encontrar los confines de otro mundo.  Más por el olfato que los colores, más por el oído que por las formas, Mull-ock de la montaña encontró un paisaje infinito, de civilizaciones y pueblos desde antiguo habitando la oscuridad.  Cavidades extensas y amplias como templos y galerías distantes como ciudades o pueblos vecinos.

Al principio, la llegada de Mull-ock fue una habladuría callejera, luego fue el primero en hacer contacto con los seres de ese otro mundo hasta que los gobernantes de aquellos espacios se vieron con él para preguntarle por qué estaba allí y qué era lo que quería.

Necesito hablar con la muerte, contestó sin dudarlo un instante, necesito llegar a un acuerdo con ella.

Después de mirarse por unos instantes, los gobernantes aceptaron la petición y celebraron un ritual para cumplir su promesa. Ve al encuentro con ella, le dijeron Mull-ock en un momento de la ceremonia y abrieron la puerta del infinito, soltando al cuidador de la montaña en el vació de los tiempos.

catacombs-901362_640Más inmortal que cualquier otro ser, más eterno que la misma eternidad, Mull-ock tocó el fin de la nada y hasta el otro lado, el principio del infinito y miró eternamente su propio recuerdo e infinitamente su destino.

Quiso morir, quiso olvidar, no tener el recuerdo de ninguna historia, no saber el origen de todos los momentos, ser simplemente un peregrino que pasa la vida observando el paisaje.  Lo deseó tanto, lo quiso tanto, que en el infinito poder de su conciencia, lo hizo realidad.  Mull-ock murio, por su propio gusto y pasión sagrada, murió para el descanso de todos los maldecidos.  No fue nada, ni siquiera un recuerdo, apenas un cuento.

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Pero… como explosión cataclísmica del universo, todo lo que existe guarda una porción de Mull-Ock, el terrible creador de la destrucción por gusto, el impulsador del suicidio y el agonizador en la enfermedad.

Por haber desafiado la muerte,  Mull-ock es ahora su guardián y llega a la vida de los seres cuando la Dama quiere que la escuchen y sepan de su cercanía.  Como gobernante, Mull-ock logró construcciones extraordinaras y economías muy prósperas.  Ya, al servicio de la dama, estableció el reino de los muertos, los salones de espera del pasado y los portales hacia otros mundos. Y, como prueba de la magnífica benevolencia de la Dama, recibió el poder de anunciar la muerte y preparar a los vivos para que su encuentro con ella tenga la paz y esplendor de los tiempos antiguos…

Pero son tan amplios y extensos los laberintos del tiempo que llegó un día en que el mismo Mull-ock, fue traicionado…

El abuelo se quedó en silencio mirando las caras expectantes de sus auditores.

-Cuéntanos más, le protestaron después de un silencio, queremos saber más de la traición a Mull-ock, le dijeron los niños.

Fgirl-67694_640ue en el reino lejano de Chanteibria,  continuó el abuelo ya contagiado por el ánimo de sus contertulios, Mull-ock bajó en forma de sueño y le anunció al señor de aquellos pueblos que un gran cataclismo se vendría sobre sus tierras.  ¿Cómo hacer?¿cómo sobrevivir?  Se preguntaba constantemente el rey y noche tras noche, Mull-ock y Trantil hablaron sobre la muerte que vendría.  Entonces Trantil permitió la llegada de Mull y el deseo de vivir decayó en los pobladores, algunos fueron atacados por una locura destructiva y el descuido se apoderó de los enfermos, llevándolos así al encuentro paulatino y suave con la Dama de la Muerte.  La muerte debía llegar como la limpieza de todos los dolores y no como la ruina de un esplendor.

sword-790815_640Pero Trantil, al ver la decadencia de su pueblo, se reveló también contra los designios de la blanca mensajera y organizó sus ejércitos para ir a los confines de su recién formado reino.  Pero ahora no estaba sola,  su primer y más feroz enemigo ahora la protegía, Mull-ock y sus huestes terrenales se opusieron a la revuelta y una guerra con el pueblo vecino  se sumó a la agonía en los territorios de Trantil.

Viendo que ninguna estrategia, militar o bancaria, le permitiría desafiar el destino de la Dama, el mismísimo Trantil se montó de armadura para penetrar, frente a frente, el pálido frío de la refulgente mensajera.

Atravesó desiertos y mares, se hundió en las cavernas más profundas y grito con desespero desde las montañas más altas.  Pero no encontró la puerta, nunca pudo dar con el camino de regreso.

knight_by_elder_of_the_earth-d38j3cm-Si llevas armadura es porque le temes, la haces más fuerte, nunca podrás encontrarla frente a frente.

Y Trantil botó la protección.

-Si llevas espada es porque crees que puede morir, serás como un rata persiguiendo gatos.

-Y Trantil dispendió las armas.

Se abrieron las puertas del mundo inferior y como una ola encabezada por el blanco resplandor de la Dama, aparecieron también los ejércitos de la intratierra.

Solo, sin ataque ni protección, Trantil avanzó con firmeza contra la fría presencia.  Con cada paso que daba, la Dama se acercaba también y poco a poco materializaba más. De ser un espíritu como nube en el viento, la peregrina de la muerte tomó forma de carne y hueso.

Se miraron largamente, calculando en el pensamiento los movimientos de la batalla, mirando las formas de su contrincante, evaluando las bajezas y las intimidades para atacar donde se produce más dolor.

-Cómo quieres vencerme, le dijo ella con astucia, ¿¡Cómo vas a luchar contra mi!?, le gritó al final.

Entonces Trantil levantó sus manos y…..

kids-464652_640El abuelo detuvo la historia súbitamente.

– Ya es tarde para dormir, todos a dormir, dijo con aire de picardía.  ¿Quieren saber el final de esta historia?

-Siiiiiii, contestaron en coro los escuchas.

-Entonces cuenten esta historia a sus vecinos, compartan con su amigos y cuando reciba 1000 me gusta en este post continuaré contando.

Ibán

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